Bath: fui buscando a Jane Austen y terminé abrazando árboles

Collage artístico apaisado con Perla abrazando un árbol, una vista de Bath y el Royal Crescent, decorado con bordados y elementos inspirados en Jane Austen.

Turismo literario entre heroínas,
termas romanas,un rey coronado,
un cerdo legendario y una ciudad
que sabe posar ante las cámaras

Fui a Bath buscando a Jane Austen o para ser más precisa, buscando esa Inglaterra que ella describió con bailes, salones, cartas, conversaciones aparentemente inocentes y mujeres obligadas a sonreír mientras calculaban cuánto podía costarles una mala decisión matrimonial.

Soy tan fan de esta escritora que hasta tengo un oráculo basado en sus obras. Y es que, aunque Charlotte Brontë consideraba que Austen retrataba un mundo demasiado contenido y desprovisto de pasión, para mí resulta admirable su capacidad para exponer, sin levantar demasiado la voz, las reglas que mantenían a las mujeres de su tiempo bajo una tutela opresora.

En sus novelas, el matrimonio no es solamente una historia de amor. También es patrimonio, seguridad económica, reputación y supervivencia. En una sociedad donde las propiedades y las herencias pasaban con frecuencia por la línea masculina, casarse bien podía determinar el futuro completo de una mujer. Jane Austen’s House explica aquí el peso que tenían el matrimonio y la herencia.

Me fascina, además, cómo sus personajes femeninos utilizaban actividades consideradas «apropiadas» —el bordado, la música, el dibujo o la lectura— para construir pequeños territorios interiores.

No voy a romantizarlo: bordar una flor no liberaba a nadie del patriarcado. Pero, detrás de aquella aparente docilidad, algunas mujeres observaban, pensaban, juzgaban y desarrollaban una vida intelectual que no siempre podían expresar abiertamente.

A veces la libertad no entraba por la puerta principal. Simplemente se sentaba junto a una ventana con un libro entre las manos.

Por eso, cuando me propusieron viajar a Bath, acepté de inmediato. Imaginé que caminaría por los lugares que habían inspirado a Emma Woodhouse, Marianne Dashwood y la mismísima Elizabeth Bennet.

Y entonces Bath, con esa educación británica capaz de corregirte sin despeinarse, me explicó que estaba buscando a las heroínas equivocadas.

Las verdaderas heroínas de Bath

Emma, Marianne y Elizabeth pertenecen al universo de Jane Austen, pero no son las protagonistas literarias de Bath.

Las verdaderas heroínas de esta ciudad son Catherine Morland, de La abadía de Northanger, y Anne Elliot, de Persuasión. Las seis novelas publicadas de Austen mencionan Bath, pero son estas dos obras las que desarrollan aquí una parte fundamental de sus historias.

Jane Austen vivió en Bath entre 1801 y 1806, cuando la ciudad era uno de los grandes centros sociales y termales de Inglaterra. Sus salones de baile, paseos, casas de juego, salas de conciertos y rituales de cortejo le ofrecieron un magnífico laboratorio para observar a la sociedad. Visit Bath recoge aquí la relación de la escritora con la ciudad.

Bath no es, por tanto, una ciudad que se puso una cofia para atraer turistas.

Su relación con Austen es real.

Sin embargo, tampoco conviene reducirla a una decoración de Orgullo y prejuicio. La ciudad tuvo vida antes de Jane Austen y, afortunadamente, continuó teniéndola después.

Eso fue precisamente lo que descubrí mientras caminaba por sus calles.

Una ciudad construida para ser contemplada

Bath tiene una arquitectura que parece haber sido concebida después de una reunión entre urbanistas, escenógrafos y fabricantes de postales.

El Royal Crescent, The Circus, Queen Square y Great Pulteney Street forman parte de una ciudad georgiana levantada con esa piedra clara que cambia de tonalidad según la luz. La UNESCO destaca precisamente la manera en que su arquitectura neoclásica y palladiana se integra con el paisaje y con la antigua ciudad termal. Bath es Patrimonio Mundial desde 1987 y, desde 2021, también forma parte del conjunto transnacional de las Grandes Ciudades Termales de Europa.

La ciudad es elegante, pero no está congelada.

Bath alberga dos universidades —la University of Bath y Bath Spa University—, además de varios centros de educación superior. Esa población estudiantil le da un ritmo más joven y cotidiano: entre los edificios georgianos también hay mochilas, bicicletas, cafeterías y personas intentando llegar a clase sin posar para una adaptación de época. Visit Bath ofrece aquí información sobre su vida universitaria.

Y luego están sus árboles.

No sé exactamente en qué momento pasé de recorrer respetablemente una ciudad Patrimonio Mundial a abrazar árboles como si estuviera participando en una terapia grupal con el reino vegetal.

Pero ocurrió.

La prueba de aquel episodio está en este reel de mi Instagram, porque determinadas conductas necesitan documentación audiovisual para que nadie pueda acusarme después de exagerar.

Aunque, pensándolo bien, abrazar los árboles de Bath no fue tan extraño. La ciudad produce esa sensación de armonía entre piedra, agua y vegetación que hace que una termine relacionándose con el paisaje con más confianza de la habitual.

Antes de Jane Austen estuvo Sulis Minerva

Collage apaisado con el Gran Baño romano, la cabeza de Sulis Minerva, una inscripción votiva y Bath Abbey entre detalles arqueológicos y acuáticos.

Mucho antes de que las jóvenes casaderas desfilaran por los salones, otras personas llegaban a Bath buscando curación, protección o respuestas de los dioses.

Los romanos conocieron la ciudad como Aquae Sulis y construyeron allí uno de los grandes complejos religiosos y termales de la Britania romana. El santuario estaba dedicado a Sulis Minerva, una divinidad que unía a la diosa celta Sulis con la Minerva romana.

La fuente sagrada sigue haciendo brotar agua a unos 46 grados centígrados. Aproximadamente 1.170.000 litros emergen cada día desde las profundidades de la tierra. No es una instalación temática ni una piscina calentada para los turistas: es el mismo fenómeno natural alrededor del cual creció la ciudad. El museo de los Roman Baths explica aquí el funcionamiento de la fuente.

Visitar los Roman Baths permite recorrer antiguos pavimentos, observar el Gran Baño, conocer las salas termales y contemplar los restos del templo.

También permite descubrir que los romanos, además de bañarse y ofrecer joyas a los dioses, escribían pequeñas tablillas para pedirle a Sulis Minerva que castigara a quienes les habían robado.

La civilización puede construir acueductos, templos y sistemas de calefacción bajo el suelo.

Pero dejas una túnica sin vigilar durante cinco minutos y aparece una reclamación divina.

Eso sí: los baños romanos son hoy un museo. No puedes meterte en sus piscinas. Si quieres bañarte en las aguas termales actuales, debes hacerlo en instalaciones habilitadas como Thermae Bath Spa. El patrimonio ha sobrevivido dos mil años y no necesita que comprobemos personalmente la temperatura con un pie.

La abadía y el rey que no era su santo patrono

Muy cerca de los baños se levanta Bath Abbey.

Aquí conviene aclarar un dato: la abadía no está dedicada al «primer rey de Inglaterra». Su nombre histórico es Iglesia abacial de San Pedro y San PabloLo que sí ocurrió en este lugar fue la coronación de Edgar como «rey de toda Inglaterra» en el año 973. La ceremonia se celebró en la antigua abadía sajona que ocupaba el mismo emplazamiento. El edificio actual comenzó a levantarse mucho después, a partir de 1499. La cronología oficial de Bath Abbey puede consultarse aquí.

Por tanto, Bath Abbey conserva la memoria de aquella coronación, pero no está consagrada al rey Edgar.Una cosa es tener una coronación importante en el expediente y otra convertir al coronado en santo patrono. 

El Avon, el puente y un cerdo que descubrió el agua

Collage apaisado del río Avon en Bath con Pulteney Bridge, su vertedero curvo y las esculturas del rey Bladud y su cerdo en Parade Gardens.

El río Avon atraviesa Bath y ofrece una de las imágenes más conocidas de la ciudad: Pulteney Bridge, con sus comercios construidos sobre ambos lados del puente.

Diseñado por Robert Adam y abierto en el siglo XVIII, es uno de los pocos puentes del mundo ocupados por tiendas a lo largo de todo su recorrido. La vista desde Parade Gardens, con el puente y el vertedero curvo sobre el Avon, explica por qué cuesta tanto guardar la cámara. Aquí puedes conocer la historia de Pulteney Bridge.

En esos jardines, junto al río, se encuentran las esculturas del rey Bladud y su cerdo.

Según la leyenda, Bladud sufría una enfermedad de la piel y fue apartado de la sociedad. Mientras cuidaba cerdos, observó que los animales se revolcaban en un barro caliente y que sus lesiones mejoraban. Decidió imitarlos, recuperó la salud y, cuando llegó al trono, fundó Bath alrededor de aquellas aguas.

La escultura de Bladud data de 1859; la figura del cerdo fue incorporada en 2009.

¿Ocurrió realmente?

No hay pruebas históricas de ello. Bladud pertenece al territorio de la leyenda. Pero su historia demuestra hasta qué punto las aguas termales han modelado la identidad de Bath: primero fueron sagradas, después medicinales y finalmente se convirtieron en patrimonio, turismo y bienestar. Visit Bath cuenta aquí la leyenda de Bladud y sus cerdos.

La conexión entre las termas y el río, además, es bastante literal. El excedente de la fuente sagrada todavía circula por parte del antiguo sistema romano de drenaje y desemboca en el Avon, a unos cuatrocientos metros del complejo.

En Bath, hasta el agua parece conocer el camino.

Sally Lunn’s: una historia que se come

Collage artístico de Sally Lunn’s con la fachada histórica, el menú, el panel sobre sus orígenes y detalles inspirados en el famoso Sally Lunn Bun.

Y entonces llegamos a Sally Lunn’s Historic Eating House, instalada en una casa cuyos niveles inferiores conservan restos que se remontan a la ocupación romana.

Según la historia preservada por el establecimiento, en 1680 llegó a Bath una joven refugiada hugonota francesa llamada Solange Luyon. Los habitantes terminaron anglicanizando su nombre como Sally Lunn, y ella comenzó a preparar el pan ligero y redondeado que posteriormente se conocería como Sally Lunn Bun.

Conviene presentarlo como lo que es: la tradición histórica conservada y divulgada por la propia casa, no una biografía cuya documentación permita comprobar cada detalle sin discusión.

Pero el lugar tiene suficiente encanto sin necesidad de exagerarlo.

En el pequeño museo de la cocina pueden verse el antiguo horno y los estratos arqueológicos encontrados bajo la casa. Arriba, el famoso bollo se sirve con acompañamientos dulces o salados.

Es grande, es esponjoso y tiene esa peligrosa apariencia de alimento inocente que permite pedirlo sin remordimiento hasta que llega a la mesa ocupando aproximadamente la superficie de un sombrero de la Regencia.

Allí la historia no se contempla dentro de una vitrina.

Se tuesta, se unta y se come.

Cuando Bath se convierte en plató

La arquitectura de Bath posee otra cualidad: sabe interpretar.

A veces representa a Bath. Otras veces se disfraza de Londres, de una ciudad imaginaria o de cualquier lugar que necesite calles georgianas y una dosis razonable de elegancia.

Las versiones de Persuasión de 1995, 2007 y 2022 utilizaron la ciudad como localización. También se han rodado allí escenas de Bridgerton, Queen Charlotte, Wonka, Sherlock y McDonald & Dodds. Visit Bath reúne aquí algunas de sus principales localizaciones cinematográficas.

Incluso el Pulteney Weir apareció en la adaptación de Los miserables de 2012 como escenario de la muerte de Javert.

Es decir, una puede estar contemplando tranquilamente el Avon y descubrir que ese paisaje ya fue París, Londres y escenario de un drama francés.

Bath no solo parece una postal.

Tiene currículum actoral.

____________________DATAZO: el festival de septiembre_____________________

Si eres admiradora de Jane Austen y quieres vivir una experiencia única, entonces tu visita a Bath debe ser en septiembre.

El Jane Austen Festival de 2026 se celebrará del 11 al 20 de septiembre. Durante diez días habrá recorridos literarios, conferencias, bailes, representaciones, encuentros y actividades inspiradas en la escritora y en el periodo de la Regencia.

El momento más conocido será la Grand Regency Costumed Promenade, el sábado 12 de septiembre a las 11:00. Más de quinientas personas vestidas de época recorrerán las calles desde el Royal Crescent.

No es obligatorio ponerse un vestido de la Regencia para observar el desfile. Verlo es gratuito. Para participar, en cambio, se necesita un brazalete y vestuario apropiado. Las condiciones de la promenade están publicadas en el programa oficial.

Durante unas horas, las calles se llenan de cofias, sombreros, levitas, abanicos y personas que probablemente han dedicado más tiempo a elegir sus guantes que muchas de nosotras a organizar un viaje completo.

Y allí está, quizá, la expresión más visible del turismo literario: no consiste solamente en visitar una casa, fotografiar una placa o comprar una edición bonita de Orgullo y prejuicio, sino en permitir que una historia transforme nuestra manera de mirar un lugar.

Yo llegué a Bath buscando los escenarios de Jane Austen. Pero la ciudad se negó a permanecer como decorado. Me corrigió las heroínas, me llevó de los salones georgianos a las aguas de Sulis Minerva y terminó haciéndome mirar sus calles, sus árboles y hasta un cerdo de piedra como partes de una misma narración.

Eso hacen los buenos libros y las ciudades que merecen ser recorridas: no se limitan a confirmar lo que ya sabemos. Nos obligan a leer otra vez.

Bath no me permitió entrar en una novela de Jane Austen. Hizo algo mejor: me enseñó a leer una ciudad con la misma atención con la que Austen leía a las personas, sospechando que detrás de toda fachada hermosa siempre hay algo más que descubrir.

Y quizá por eso terminé abrazando un árbol. Cuando una historia se sale del libro, cada quien pasa la página como puede.

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