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Vivir en Francia (II): acentos, contradicciones y otros choques culturales

  #migraciónsinfiltros Tener la nacionalidad francesa no significa que automáticamente uno se sienta francés. Entre erres de tractor, discusiones políticas, apéros y peligrosos postres, he ido descubriendo que adaptarse a otro país es bastante más complicado que aprender sus costumbres. Y que sentirse en casa tiene poco que ver con lo que dice el pasaporte. Cuando llegué a Montpellier, ya tenía la nacionalidad francesa. Había superado buena parte de los obstáculos administrativos que supone establecerse en otro país y comenzaba una nueva etapa. Pero que un papel te autorice a vivir en un lugar no significa que automáticamente te sientas en casa. Y a mí, honestamente, me ha tomado tiempo. Nunca he sido demasiado apegada a los lugares. Tal vez porque en mi familia nos mudamos mucho. Sin embargo, irme de Guyana Francesa me pegó más de lo que esperaba. Venía de vivir durante años en un territorio que también es Francia y, aun así, llegar a Montpellier supuso otro comienzo. Porque, aunq...

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