MIGRAR SIN FILTROS
Manual de supervivenciaen caso de migración (parte I)
Parte I: No estás cambiando de país, estás cambiando de vida
En 2019 migré de Venezuela a Guyana Francesa, un territorio que para mí era tan desconocido que, si antes de mudarme alguien me lo hubiera señalado en un mapa, seguramente habría puesto cara de “sí, claro, por supuesto”, mientras por dentro buscaba auxilio geográfico.
Llegué con maletas, miedo, esperanza, documentos y esa mezcla extraña que llevamos quienes migramos: una parte de nosotros quiere correr hacia lo nuevo y otra parte se queda abrazada a la puerta de la casa que dejamos atrás.
Guyana Francesa terminó siendo mi refugio durante seis años. Allí aprendí francés, entendí que el trópico también podía tener administración francesa —combinación intensa, digna de estudio antropológico— y empecé a reconstruirme en otro idioma, con otras reglas, otros silencios y otra manera de mirar los días.
Hoy vivo en Montpellier, al sur de Francia, y tengo, por fortuna, nacionalidad francesa. Digo “por fortuna” porque sé que no todos los procesos migratorios son iguales, ni todos los caminos tienen las mismas puertas abiertas.
Mi migración fue amable gracias a mi esposo, que me ha impulsado, sostenido y acompañado. Y también porque he elegido mirarla así, porque, como dice mi amigo Juan Carlos Pereza: “Si te quejas, engordas”. Y una puede sobrevivir a la burocracia francesa, pero no necesariamente a una frase así rondándole la conciencia.
Por eso nace esta nueva sección del blog: Migrar sin filtros.
Pero no para venderte la fantasía de “emigra y sé feliz en diez pasos”, pero tampoco para desanimarte. La idea es hablar de lo que muchas veces no se dice: migrar puede ser hermoso, sí, pero también puede ser incómodo, solitario, confuso, agotador y profundamente revelador.
Empezar de nuevo, no es empezar desde 0
Migrar te obliga a empezar de nuevo, pero no desde cero. Y esa diferencia importa. Porque uno no llega vacío a otro país. Uno llega con historia, acento, heridas, habilidades, prejuicios, recuerdos, duelos, sueños, torpezas y algún documento que siempre falta justo cuando más lo necesitas.
También llega con una versión idealizada de lo que cree que será su nueva vida. Y aquí viene la primera verdad incómoda: migrar no te convierte automáticamente en otra persona.
Cuando migras, cambias de escenario, no de personaje. En tus maletas se van también tus miedos, tus complejos, tus carencias, tus talentos, tus mecanismos de defensa y todo ese material en sombra que uno suele empacar sin declararlo en aduana.
Si no te conoces bien, la soledad de no tener un sistema de referencia ni una red cercana puede pegar el doble. No es lo mismo estar triste en tu casa, con tu gente cerca, que estar triste en otro país, mirando por la ventana y preguntándote en qué momento el sueño europeo/americano/escandinavo/asiático se convirtió en una cita administrativa a las 8:15 de la mañana.
Y, sin embargo, migrar también puede abrirte.
Eso sí, nada de esto ocurre por arte de magia. Ocurre con paciencia, papeles, errores, humildad, terquedad, algo de sentido del humor y una capacidad olímpica para no derrumbarte cada vez que alguien te dice: “le falta una copia”.
Este primer texto es la puerta de entrada a la sección. Una especie de confesión inicial antes del manual. Porque antes de hablar de trámites, idioma, integración, trabajo o duelo migratorio, necesitaba decir desde dónde escribo.
Escribo desde la experiencia de una venezolana que salió de su país enamorada, encontró refugio en Guyana Francesa, volvió a empezar en Montpellier y todavía está aprendiendo a hacer las paces con las distintas versiones de sí misma.
Escribo desde la gratitud, pero sin postal perfecta. Escribo desde la certeza de que migrar no es solo moverse de lugar. Es aprender a sostenerte cuando cambia el paisaje.
Y escribo también para quienes están pensando en irse, para quienes ya se fueron, para quienes se sienten perdidos en medio de la adaptación y para quienes todavía creen que empezar de nuevo debería doler menos.
En el próximo post te compartiré algunas consideraciones prácticas de este manual de supervivencia en caso de migración. No será un manual legal, académico ni definitivo. Será un rosario de recomendaciones perliano: con aprendizajes, advertencias, humor, algún coscorrón cariñoso y varias verdades que, si alguien me las hubiera dicho antes, me habrían ahorrado más de una lloradita estratégica.
Así que... bienvenida, bienvenido a Migración sin filtros.
En este espacio del blog vamos a hablar de lo bonito, lo incómodo, lo burocrático, lo emocional y lo inesperado de empezar de nuevo.





Comentarios
Publicar un comentario