Qué ver en Londres: cinco paradas y muchas ganas de volver
Fui a Londres con cinco lugares en mente
y regresé con una lista más larga.
Ese fue el problema:
cada vez que tachaba una visita,
aparecía otra razón para volver
Londres llevaba años siendo un punto en mi mapa de lugares por conocer. Y este año, finalmente, llegó el día. Sin embargo, no llegué con una expectativa demasiado definida.
Había leído sobre su caos, su diversidad y ese encanto de ciudad con personalidad suficiente para no tener que agradarle a todo el mundo. Además, allí estaba buena parte de la historia de un país y el escenario de tantos dramas literarios y cinematográficos que uno termina sintiendo que ya ha caminado por sus calles.
Pero, pues, no. Haberlas visto en una pantalla no cuenta como haber estado allí. Y dos días tampoco alcanzan para conocerlas como se merecen.
En esta primera visita me concentré en cinco paradas: el Palacio de Buckingham, el Museo Británico, el Museo de Historia Natural, Big Ben y una librería que tenía un significado especial para mí. Entre una y otra hubo pubs, scones, autobuses rojos y tiempo para comprobar que Londres también se disfruta en los trayectos.
Si estás preparando tu primer viaje, te aconsejo que escojas bien tus prioridades —en esta entrada te comparto las mías— y que, sobre todo, estés abierto a cambiarlas. Porque, créeme, Londres es de todo menos predecible.
Caminar Londres con una amiga que conoce el jaleo
Tuve una ventaja: fui de la mano de mi amiga Mariale, que conoce los pormenores de la ciudad y sabe moverse entre su jaleo. Eso permite levantar más la vista y mirar menos el teléfono. Y en Londres conviene mirar hacia arriba: una fachada, una ventana o un detalle en un edificio bastan para interrumpir la conversación.
Me pareció una ciudad para caminar. Aunque, claro, una cosa es disfrutarla a pie y otra pretender cruzarla entera por puro entusiasmo. Para organizar los desplazamientos, tienes los mapas oficiales de metro y autobuses de Transport for London. Guarda los que vayas a necesitar antes de salir.
Otra recomendación que te doy es que uses los autobuses. Sí, esos rojos de dos pisos que has visto tantas veces en las películas. Estar dentro de uno tiene algo de entrar por fin en un escenario conocido. Yo me sentí un poco Bridget Jones; por suerte, el trayecto no exigía resolver mi vida sentimental.
Detalle práctico: en el metro debes acercar la tarjeta o el dispositivo al lector al entrar y al salir; en los autobuses, solo al subir. Utiliza siempre la misma tarjeta o el mismo dispositivo para completar el trayecto. Aunque estén vinculados a la misma cuenta, el teléfono y la tarjeta física no se consideran lo mismo. Lo explica TfL en su guía de uso de los lectores.
Buckingham y el Londres que uno reconoce enseguida
El Palacio de Buckingham estaba entre mis prioridades. Hay lugares que uno incluye en un primer viaje por todo lo que representan, y este era uno de ellos: una referencia inevitable de ese Londres que conocemos a través de noticias, ceremonias y películas.
Si quieres visitar el interior, revisa las fechas antes de organizar el día. Las salas de Estado tienen una apertura de verano; durante el resto del año se ofrecen visitas guiadas en fechas seleccionadas. Los horarios, las entradas y la información del cambio de guardia están en la web oficial de Royal Collection Trust. Ver el palacio por fuera y recorrer sus salas requieren planes distintos.
Yo no tomé estas previsiones, por lo que me conformé con verlo desde fuera, que igual vale la pena. Además, aproveché para dar un paseo por uno de los parques de las inmediaciones, que me pareció espectacular (St. James Park)
Algo que tenía clarísimo en mi itinerario era que debía hacer una parada en Piccadilly Circus y sus alrededores. Ese lugar es una locura; cuando estás allí, es difícil saber hacia dónde mirar primero.
Obvio, en el recorrido hubo calles elegantes, escaparates y hasta una pasada por Harrods. Porque una puede ir detrás de la historia y distraerse un rato con las vitrinas. No son intereses incompatibles.
Otra parada fue Leicester Square. Allí, Bridget Jones tiene su estatua junto a personajes como Harry Potter, Mary Poppins y Batman. Forman parte de Scenes in the Square, un recorrido gratuito de esculturas dedicadas al cine. Después de haber pasado tantas horas acompañándolos desde el sofá, encontrarlos en una plaza tiene su gracia.
Una librería en mi peregrinaje wiccano
No todas las paradas importantes de un viaje aparecen entre los primeros resultados de una guía. Para mí, esta librería tenía un peso que no dependía de su tamaño ni de cuánta gente estuviera esperando para entrar.
The Atlantis Bookshop, fundada en 1922 y situada en el 49a de Museum Street, está vinculada a la historia de la brujería moderna. Según la propia librería, el primer coven londinense de Gerald Gardner se reunía allí. Ese vínculo explica por qué puede tener tanto significado para quienes practicamos la Wicca. Puedes leerlo en su historia del establecimiento y en su apartado sobre brujería.
Estar allí fue una de esas experiencias en las que el interés por un lugar se mezcla con la historia personal. Yo iba a una librería, sí, pero también a una parada de mi propio peregrinaje wiccano.
El día de nuestra visita, una escritora presentaba un libro. Me gustó encontrar ese presente entre tanta referencia al pasado: personas que siguen escribiendo, compartiendo y reuniéndose alrededor de estos temas.
Para incluirla en tu recorrido, consulta sus horarios y actividades. Está en Bloomsbury, el mismo barrio del Museo Británico; puedes organizar ambas visitas en esa zona, procurando no llegar a la librería cuando el museo ya haya consumido todas tus energías.
El Museo Británico o cómo perder la noción del tiempo
Del Museo Británico solo puedo decir que uno podría quedarse a vivir dentro. Bueno, habría que negociar lo de la cama, pero motivos para prolongar la estancia sobran.
Tener tan cerca tanta historia fue una de las experiencias más intensas del viaje. Pasearse por sus colecciones exige algo más que avanzar entre salas: uno quiere detenerse, leer y entender. Y entonces descubre que aquella visita que parecía razonablemente calculada necesita mucho más tiempo.
No conseguí verlo completo. Quedaron salas pendientes y razones suficientes para regresar.
Para una primera visita, mi consejo es elegir algunas colecciones según tus intereses. Entre las piezas y conjuntos destacados están la piedra de Rosetta, las colecciones egipcias y las esculturas del Partenón. La guía oficial de turismo de Londres reúne información sobre las colecciones, el acceso y las reservas.
La visita también me hace pensar en la fragilidad del patrimonio. En 2015, el Estado Islámico destruyó piezas en el Museo de Mosul y atacó lugares como Nimrud, una antigua capital asiria. La UNESCO documentó y condenó tanto la destrucción en Mosul como el ataque a Nimrud. Recordar esas imágenes me hace valorar todavía más la posibilidad de contemplar y estudiar testimonios de civilizaciones desaparecidas.
Ahora bien, esa valoración no demuestra que cada pieza conservada en Londres se habría perdido en su lugar de origen, ni resuelve cómo llegó al museo. Creo que se puede agradecer la oportunidad de conocer ese patrimonio y, al mismo tiempo, preguntarse por su procedencia. La admiración no tiene por qué suspender las preguntas.
El Museo de Historia Natural y un tiranosaurio que no convenció a Denys
Al Museo de Historia Natural fui con mi esposo. Él tenía una cuenta pendiente con los tiranosaurios: después de haber visto uno con mascarilla en un museo de San Francisco, esperaba encontrarse en Londres con una presentación más ortodoxa.
No salió convencido. Yo, en cambio, lo disfruté muchísimo.
Me impresionaron la cantidad de especies y las explicaciones que permiten acercarse a la historia de nuestro planeta. Hay tanto por observar que el dinosaurio, por célebre que sea, termina siendo solo una parte de la visita.
Y luego está el edificio. Su arquitectura merece atención por sí misma, aunque resulte fácil olvidarlo cuando uno va buscando la siguiente sala. Este fue otro lugar que no conseguimos recorrer por completo. A estas alturas, la segunda visita a Londres ya se estaba organizando sola.
Antes de entrar, abre el mapa del museo y la información para visitantes. Elegir algunas áreas ayuda a disfrutarlo sin convertir la jornada en una carrera para verlo todo.
Algo que me encantó de ambos museos es que sus colecciones permanentes pueden visitarse gratuitamente. Algunas exposiciones y actividades son de pago, y conviene reservar la entrada gratuita para asegurar el acceso. Lo indican tanto la información del Museo Británico como la del Museo de Historia Natural.
Como profesora, me parece una decisión valiosa: quitar el precio de la entrada elimina una barrera para acercarse al conocimiento. Como viajera, además, permite volver otro día sin sentir que hay que agotarlo todo en una sola visita.
Pubs, scones y las pausas que también cuentan
Entre tanta visita hubo tiempo para los pubs y para unos panecitos que merecen aparecer en el relato con nombre propio: los scones. Se sirven, entre otras formas, con mermelada y clotted cream, una crema espesa. El National Trust recoge esa combinación en su receta tradicional.
Son deliciosos. Y una excusa perfectamente defendible para sentarse después de caminar.
Estas pausas también fueron parte de mi Londres. A veces organizamos los viajes como si comer, conversar o descansar fueran interrupciones del programa. Sin embargo, son esos ratos los que permiten disfrutar lo que estamos haciendo. El museo puede esperar unos minutos. La mermelada, por su parte, ya está servida.
También me encantó ver una escultura de Banksy. Otro recordatorio de que la ciudad sigue produciendo imágenes capaces de detenernos, incluso cuando creemos que ya sabemos qué queremos mirar.
Big Ben de noche y una despedida con demasiadas fotos
Cerramos el último día frente a Big Ben. Verlo de día es una cosa; verlo iluminado de noche fue, para mí, otro nivel. Le hicimos tantas fotos que probablemente podríamos reconstruir la visita solo con esa torre.
Conviene aclarar los nombres: Big Ben es la gran campana; la torre que solemos llamar así se llama Elizabeth Tower. El Parlamento británico explica la distinción y sus características.
La arquitectura del conjunto del Palacio de Westminster es neogótica, como señala la UNESCO. Decir que pertenece a la época victoriana y describir su estilo arquitectónico son dos precisiones distintas. Tampoco todos los edificios que lo rodean pertenecen al mismo estilo.
Lo que a mí me impresionó fue cómo se imponía su silueta en medio de una ciudad que seguía moviéndose alrededor. Al final del viaje, allí estaba yo, todavía buscando otro ángulo para la foto. Como si una imagen más pudiera compensar lo que no me había dado tiempo de conocer.
Lo que queda para una segunda visita a Londres
Notting Hill quedó pendiente, y también Westminster. Aquí merece la pena distinguir la Abadía de Westminster, con su historia de coronaciones y su Rincón de los Poetas, de la Catedral de Westminster, que es otro edificio y pertenece a la Iglesia católica.
Para quienes viajamos también a través de los libros, añadiría dos posibilidades: el Museo de Charles Dickens, instalado en una casa londinense del escritor, y Shakespeare’s Globe, donde se puede consultar la programación teatral y las visitas guiadas.
Claro que, antes de seguir ampliando la lista, tengo que reservar tiempo para terminar los dos museos. Y dejar espacio para caminar sin estar mirando cuánto falta para la siguiente parada.
Londres tendrá parte dos. Llegué sin demasiadas expectativas y me fui pensando en todo lo que quería hacer al volver. Para una primera visita, no está nada mal.
¿Qué lugar de Londres me recomendarías para esa segunda vuelta? Te leo en los comentarios.






Cannary Warf, paseo en bote en Little Venice, Hyde Park, de noche por Soho, la National Gallery, Candem Town... vas a tener que venir como 5 veces más
ResponderEliminarDesde Montpellier puedo convertirlo en destino frecuente.
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